¿Qué tienen las noches? ¿Qué es lo que tiene la Luna?
Pareciera que algo parecido a lo que tienen las letras, a lo que tienen tus
mensajes e implícitamente tu mirada profunda, lúcida, y abrazadora.
¿Qué es lo que tiene el café de las dos de la mañana? ¿Qué
tienen tus abrazos penetrantes?
¿Qué es lo que tú tienes?
Pareciera que algo muy extraño y abrumador, como un libro de poesía del siglo
XX recién descubierto.
No entiendo como un par de cervezas me llevaron a semejante
viaje extraordinario.
No entiendo como unas cuantas letras llevaron a miles de mensajes, de
expresiones y sensaciones.
Tal vez sólo es el estado que coloquialmente llamamos
“ebriedad”, o “enamoramiento”.
En este punto no importa, pues no estás, no existes…
Aún recuerdo aquel día que tuve un antojo insaciable de
existir… de que me hicieras existir… (y te lo dije).
Quisiste, lo intentaste tal vez…
¡No!
Yo sé que sí lo intentaste, y el “tal
vez” está de más, pero yo…
Yo no efectué ningún movimiento que comprobara
tu magia, y tu existencia. Que comprobara nuestra mundana y posible existencia.
No me culpes por favor, no me juzgues, no enjuicies mi miedo, mis pocas ganas,
y mi forma de salir. Yo no estoy para esto, yo no sé hacer esto, como tampoco
sé andar en bicicleta.
Sal, camina bajo la lluvia, bebe unos tragos de cerveza en
domingo y consume helado de mandarina los miércoles en el parque a las cinco de
la tarde. Canta, grita, toca, escribe… Y nunca dejes de hacerlo por favor.
Yo… intentaré ya no dormir hasta las tres de la mañana tratando de vivir de
letras y en ellas. Estaré en medio de obras de arte respirando poesía, y aún en
los lugares más extraños, profundos y solitarios estaré cuidándote noche y día.
Te tendré en el lugar más seguro para poder abrazarte profundamente, en aquél
lugar donde los dos estaremos a salvo: el
recuerdo. Un sitio atemporal, un escondite fácil de encontrar.